La noche pintaba tranquila, y la resaca brutal cuando decidí salir del asado, para irme a buscar acompañante, una simple montura…
Habían fantasmas etílicos por todas partes, dos o tres veces me maté contra un árbol…
Corrí los bares, los boliches, la noche, completamente solo y sin nadie con quien hacer el distracto de mi noche…
Y ahí estaba yo con el alma colgando a gajos después de verte quieta y altiva, con una ola de frío sepulcral sobre mis carnes, frases cortantes de aliento…
Y vos estabas ahí también, con las alas mordidas por los perros del orgullo y una constelación de dolores que destellaban en tus ojos desdeñosos…
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